El Secretariado Nacional para la Familia quiere promover y alentar una específica pastoral en el seno de las familias: el acompañamiento, el cuidado y la integración de los adultos mayores y ancianos.

En esta naciente pastoral nacional de adultos mayores y ancianos nos proponemos:

  • acompañar su espiritualidad bautismal, para que puedan redescubrirse hijos amados y, nutridos así, puedan salir al encuentro de otros para cuidarlos e integrarlos en la comunidad eclesial.
  • valorar y celebrar sus itinerarios matrimoniales y familiares, mostrándonos solícitos también para contribuir a la sanación y reconciliación de sus vínculos, y para cargar sus dolores y angustias con esperanza.

La pastoral familiar necesita de ellos como agentes en sus variados servicios a las familias. Tienen un lugar indelegable en los mejores equipos de pastoral familiar que podamos imaginar.

¿Cómo trabajamos?

El equipo nacional, en estrecha vinculación con los delegados regionales y diocesanos, anima este servicio, ofreciendo ayudas e inspiración para que las regiones y las diócesis favorezcan una renovada pastoral con los adultos mayores y ancianos.

Caminemos juntos, descubriendo un servicio de gran impacto eclesial y social. Promovamos una cultura que acompañe, cuide e integre el don de los adultos mayores y ancianos, alejándonos de todo vestigio de descarte o indiferencia.

Contacto:

María Elisa Petrelli y Equipo

adultosmayores@pastoralfamiliarcea.org.ar

 

Creemos fervientemente en nuestra misión: acompañar a los adultos mayores recibiendo a su vez de ellos el don de la paciencia. Creemos que poder acompañarlos es un don que nos enriquece el alma.

El Papa Francisco nos alienta en esta misión

“Un pueblo que no custodia a los abuelos, un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria”.

“A los abuelos, que han recibido la bendición de ver a los hijos de sus hijos (cf. Sal 128,6), se les ha confiado una gran tarea: transmitir la experiencia de la vida, la historia de una familia, de una comunidad, de un pueblo; compartir con sencillez una sabiduría, y la misma fe: ¡el legado más precioso! ¡Felices esas familias que tienen a los abuelos cerca! El abuelo es padre dos veces y la abuela es madre dos veces”.
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“Pero no siempre el anciano, el abuelo, la abuela, tiene una familia que puede acogerlo. Y entonces bienvenidos los hogares para los ancianos … con tal de que sean verdaderos hogares, y ¡no prisiones!” ….

“Pienso con gratitud en los que los van a visitar y los cuidan. Los hogares para ancianos deberían ser los “pulmones” de humanidad en un país, en un barrio, en una parroquia; deberían ser “santuarios” de humanidad, donde los que son viejos y débiles son cuidados y custodiados como un hermano o una hermana mayor. ¡Hace tanto bien ir a visitar a un anciano! Miren a nuestros chicos: a veces los vemos desganados y tristes; van a visitar a un anciano, y ¡se vuelven alegres!”

“Nosotros, los cristianos, junto con todos los hombres de buena voluntad, estamos llamados a construir con paciencia una sociedad diversa, más acogedora, más humano, más inclusiva, que no necesita descartar a los débiles de cuerpo y mente, aún más, una sociedad que mide su propio “paso” precisamente sobre estas personas.”

“Como cristianos y como ciudadanos, estamos llamados a imaginar, con fantasía y sabiduría, los caminos para afrontar este reto”.