Este es el versículo a partir del cual Mons. Ojea, Asesor del Secretariado Nacional para la Familia, aborda, a través del signo-símbolo de la mirada, el llamado de Dios a la plenitud de comunión entre el hombre y la Mujer

Descargar Editorial de Noviembre del 2011, Mons Oscar Ojea


“Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza”.

En el último versículo del capítulo 2ª del Génesis leemos “Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza”.

Este estado de desnudez y de exposición total del uno frente al otro los ubica en una situación plena de dignidad al estar reflejando la imagen de Dios como un espejo y ser el uno para el otro, también espejo en el cual pueden descubrir su verdadera identidad. Estar desnudos en este contexto simbólico del relato significa no haberse mirado a si mismos sino estar frente a frente con la cabeza erguida para poder contemplar en la mirada del otro su verdadero ser.

El hombre y la mujer llamados por Dios a una plenitud de comunión solo pueden conocerse a sí mismos a través del otro por eso son creados “carne de su carne y hueso de sus huesos” (Gn 2, 23). Cuando entra en el corazón del hombre el drama del pecado original que rompe la unidad con Dios, la comunión plena entre ellos y la relación armónica con la naturaleza, lo primero que señala el texto bíblico es “Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos” (Gn 3, 7). Esto significa la entrada del egoísmo en el corazón del hombre. La capacidad de mirarse antes que nada a sí mismo y no mirar al otro, la capacidad de bajar la cabeza y esconderse de la verdadera realidad.

Este mismo bajar la cabeza y mirarse a sí mismo es lo que hará Caín después de haber matado a su hermano “Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza. El Señor le dijo ¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? Si obras bien podrás mantenerla erguida” (Gn 4, 5-6). Simbólicamente la postura de completa desnudez con la cabeza erguida mirando al otro es la postura física que expresa la dignidad humana. Dignidad que se pierde por el mirarse a sí mismo en primer lugar para cubrirse o agachar la cabeza para esconderse de la búsqueda de Dios. Esto es huir de la verdad.

Hemos sido creados por Dios a su imagen. Dios es familia por eso nos crea para vivir en comunión. Esta comunión plena está sostenida por el vínculo más profundo que puede darse en la naturaleza humana. Vínculo sujeto a una elección y que nos pone en camino de descubrir nuestra plena identidad solo a través del amor al otro superando cada día nuestras búsquedas egoístas, huellas del pecado en nuestro corazón.

Trabajar día a día para buscar esta plenitud vincular es fruto de la gracia del sacramento del matrimonio apoyada en la libertad de cada pareja que encuentra en el amor la atmósfera necesaria que le permite ser uno mismo.

Monseñor Oscar Ojea
Obispo diócesis de San Isidro
Asesor del Secretariado Nacional para la Familia