Mons. Stanovnik, Arzobispo de Corrientes y Presidente de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia de la Conferencia Episcopal Argentina expuso recientemente en el Encuentro Regional del NEA aspectos relevantes del Encuentro celebrado en Milán, bajo el tema “La Familia, el Trabajo y la Fiesta”. A continuación, y a modo de editorial, señalamos algunos puntos significativos.

Para salir al paso de las amenazas a la identidad cristiana de la familia, no hay nada mejor que ser testigos agradecidos, que transmiten con palabras bellas la alegría de estar casados y tener una familia y valorar la identidad del ser humano creado por Dios varón y mujer. El Papa Benedicto XVI es un ejemplo constante de esa actitud esperanzada, alegre y propositiva que tiene el mensaje cristiano para la humanidad hoy. Así lo manifestó en el Discurso inaugural de Aparecida: “Bendecimos a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, aunque hoy se quiera confundir esta verdad: “Creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó” (Gn 1, 27)[1]. Pertenece a la naturaleza humana el que el varón y la mujer busquen el uno en el otro su reciprocidad y complementariedad”.

Luego, el documento de Aparecida, reproduce la actitud propositiva y esperanzada de Benedicto XVI expresando, en medio de la crisis, ante todo la buena nueva de la familia en seis párrafos bellísimos, colmados de alabanza y gratitud a Dios por haber creado a ser humano varón y mujer, por haberlos amado y hechos partícipes de su amor, que se hace fecundo en la familia, abierta y responsable al don de la vida en sus hijos[2].

La conciencia de la magnitud y trascendencia que tiene el don de la familia basada en el vínculo estable entre un varón y una mujer, debe llevarnos a una pastoral familiar intensa y vigorosa.

Aun en medio de una mentalidad dominante y combativa, ajena a los valores de la vida y la familia que identifican mayoritariamente el sentir de nuestra gente, cuyo objetivo es la destrucción de la familia tradicional, estamos llamados –como se expresa en los “Aportes para la Pastoral Familiar de la Iglesia en la Argentina”– a “superar el desconcierto ante la actual crisis de la familia mediante una profunda mirada de fe sobre la realidad y sobre las personas, reconociendo la bondad creada de todo hombre, descubriendo la presencia misteriosa de Dios en todos y la primacía de su amor en nuestra vida que la salva de los errores y pecados” (n. 104).

También las Orientaciones pastorales del episcopado para estos años establecen como prioridad la familia y la vida y exhortan a “recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas”.[3] Y a continuación añade que “En medio de los cambios culturales a los que asistimos, invitamos a encarar una pastoral familiar que acompañe a las familias y las ayude a ser “lugar afectivo” y cultural en el que se generan, se transmiten y recrean los valores comunitarios y cristianos más sólidos y se aprende a amar y a ser amado.”

Al fin de cuentas, y dirigiendo una mirada hacia el interior de la vida de nuestras iglesias, sabemos que la causa principal del debilitamiento de nuestros matrimonios y familias es el mismo que percibimos en el sacerdocio y la vida consagrada: el Papa la pone de manifiesto con la proclamación del Año de la fe: “Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51).”[4] Y un poco más adelante insiste en la necesidad de reavivar la fe: “Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo.”[5]

Mons. Andrés Stanovnik OFMCap.

Arzobispo de Corrientes

[1] Benedicto XVI, Discurso inaugural, Aparecida 13 de mayo de 2007, n. 5.

[2] Cf. Aparecida, nn. 114-119.

[3] CEA, Orientaciones pastorales para el trienio 2012-2014, n. 30.

[4] Benedicto XVI, Porta fidei, n. 3.

[5] Ídem, n. 8.

 

Descargue versión completa de Relación sobre el VII Encuentro Mundial de las Familias – Milán 2012 -Corrientes, 23 de junio de 2012