Acercamos el testimonio de Marcelo, de La Paz, Entre Ríos, otro joven que participó en la JMJ como voluntario, en este caso responsable de las traducciones del portugués al español.

 

Mi nombre es Marcelo Galeano, tengo 23 años, soy oriundo de La Paz, Entre Ríos. A finales de Marzo de este año recibí un mail de la Conferencia Episcopal donde a pedido del Comité Organizador Local de la JMJ de Rio pedían una persona para ser coordinadora y responsable de las traducciones del portugués para el español.

Desde septiembre del año 2012 me encontraba trabajando en dicho sector haciendo traducciones las cuales me llegaban a mi correo electrónico y eran devueltas ya traducidas a Brasil.

Desde el inicio dije que si al pedido y búsqueda del Comité organizador, y el 6 de abril llegue a Rio para trabajar en dicho Comité como coordinador y responsable de las traducciones al español.
Al llegar a Rio me encontré con que el trabajo era desafiante, surgieron miedos y dudas de saber si podría lograr lo que se me era pedido.

Ya antes de partir hacia Rio surgieron dudas si era lo correcto en dejarlo todo para ir a servir, algunos me decían que estaba loco, que tenía que buscar un trabajo mejor, estudiar otra carrera, etc.

Después de cuatro meses intensos de trabajo y servicio en el Comité como voluntario vuelvo a confirmar que vale la pena dejarlo todo para servir al otro. ¡Siempre!

Vivimos en un mundo donde muchas veces acumular títulos es un logro y dejarlo todo para servir a otros es un fracaso.

Trabajar y participar por primera vez en una Jornada, este sueño de Juan Pablo II, fue un desafío y una de las bendiciones más lindas que recibí en mi vida. Fue un tiempo de encontrarme una vez más conmigo mismo, mis limites, mis virtudes, mis fortalezas. Encontrarme con el otro, que también con sus debilidades y fortalezas me interrogaba siempre a ir más allá de eso.

Tuve la gracia de encontrarme con jóvenes del mundo entero, que con un mismo deseo, dejaron todo y desembarcaron en Rio con el sueño de construir cada uno desde su lugar lo que fue la JMJ.

Dios me dio la gracia en el día de los abuelos poder almorzar con el Papa Francisco. Un almuerzo que con seguridad guardare para toda la vida. Me encontré con un Padre. Es el día de hoy que no  tengo palabras para explicar lo que viví aquel mediodía. Dios una vez más se manifestó y mostro su misericordia invitándome a este encuentro.

Todavía resuenan en mi las palabras de nuestro Papa, vayan contra la corriente! Y hoy puedo decir que valió la pena ir contra la corriente.

Doy gracias a Dios por el don de la familia, de manera especial la mía que siempre me ha acompañado en este peregrinar. Es verdad que cuando uno es chico “no entiende” muy bien el amor de padres. Cuando uno crece y mira hacia atrás puede decir que el único y primer amor verdadero es el de la familia. Lo que al inicio uno no lo entendía toma su significado y da gracias por el cuidado que recibió de chico.

Doy gracias también por esta iglesia en la que he crecido y conocido al único que da sentido a nuestras vidas, Cristo.  Para mí la JMJ fue un gran encuentro, esto que nos caracteriza a los cristianos y desde donde comienza todo. Encontrarse con el otro y así peregrinar juntos sabiendo que no estamos solos.