Constanza Biroccio, de la Arquidiócesis de Mercedes-Luján, nos cuenta su experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud

Una nueva Jornada Mundial de Juventud se ha realizado, una nueva experiencia vivida con tantos jóvenes del mundo entero. Una experiencia increíble he tenido la posibilidad de vivir, como lo es cada encuentro con Cristo y con jóvenes que comparten esa misma fe que a muchos nos han transmitido nuestros padres y que muchos pueden descubrir, alimentar y consolidar en ese encuentro con otros rostros que pueden reflejar la alegría de ser cristianos, discípulos misioneros de Cristo, mensajeros de ese amor.

Tuve la posibilidad de participar de la JMJ en Río de Janeiro celebrada en el pasado mes de Julio junto con otras 95 personas de mi diócesis, entre sacerdotes, seminaristas y jóvenes.  Desde los momentos de catequesis con Obispos latinoamericanos, compartiendo con otros jóvenes de habla hispana, hasta los momentos centrales en los que compartíamos con peregrinos de todo el mundo, que si bien hablábamos distintos idiomas todos nos congregábamos allí por el amor de Cristo, aquel que nos había unido y nos había movilizado hasta ahí.

Fue Él, que en todos esos días de jornada supo interpelarnos y llamar nuestra atención, desde los mensajes y las palabras pronunciadas por el Papa hasta las canciones que compartíamos con el resto de los peregrinos, la alegría y las ganas que se transmitían a pesar de la lluvia que nos acompaño en la mayoría de los actos centrales y durante los días de la jornada. Fue Cristo quien se hizo presente en todo momento, alimentando nuestra fe y dándonos la posibilidad de seguir conociéndolo en cada rostro a nuestro alrededor; fue Él quien nos habló y nos invitó a seguir caminando juntos, a «hacer lío» llevando a nuestras comunidades parroquiales y pastorales lo vivido, la alegría de un nuevo encuentro con Cristo que nos envía a anunciar lo que hemos visto y oído.

Algunos tuvimos la posibilidad de estar más cerca del Papa en el encuentro que vivió con los jóvenes argentinos y poder vivenciar todo lo que su figura muestra y transmite a tantos corazones en el mundo. Es un verdadero ejemplo de humildad, sencillez y amor desinteresado a Cristo, y eso como jóvenes nos queda resonando, porque es uno de los mayores ejemplos que tenemos actualmente, quien nos anima a seguir, a no bajar los brazos y a remar «contracorriente», porque somos «el presente» de esta actualidad y, citando sus palabras, no debemos «meternos en la cola de la historia, sino debemos ser protagonistas». Fuimos llamados a anunciar a Cristo, a trabajar por el Reino, a vivir el evangelio con nuestra vida, sabemos que el Espíritu nos guía.

Algo que nos llamó mucho la atención es que el Papa comenzaba hablando en portugués, pero la mayor parte del tiempo cambiaba y hablaba en español cosa que a nosotros nos facilito a la hora de la comprensión y lo sentimos aún más cercano, por la terminología que utilizaba, porque era un vocabulario aún más cotidiano y conocido para nosotros, sentíamos por momentos que nos hablaba a cada uno de nosotros en particular. Venimos con ganas de seguir compartiendo a ese Jesús que hemos encontrado una vez, que nos ha enamorado, por el cual queremos trabajar y seguir construyendo la Civilización del Amor. Tenemos muchas ganas de seguir las palabras que nuestro Papa nos anunció y de seguir sin miedo, sirviendo a nuestros hermanos, contagiando la alegría del discipulado.

Agradecida a Dios por esta nueva experiencia compartida, a las personas con las que compartí porque de una u otra manera pude experimentar el amor de Cristo y alimentar la fe. Agradecida a mi familia por transmitirme la fe y los valores, por acompañarme en este crecimiento y permitirme vivir mis propias experiencias. Seguimos en camino, peregrinando en el amor. Cristo desde el Monte del Corcovado abraza al mundo con su amor. «Cristo nos invita: vengan mis amigos. Cristo nos envía: sean misioneros». Contamos con la oración de quienes tenemos a nuestro lado y que guían nuestros pasos. No tengamos miedo de seguir a Cristo y de ir «contra-corriente»

 

Constanza Biroccio, Lobos, Arquidiocesis Mercedes-Lujan