Compartimos otro testimonio sobre las hermosas jornadas que se vivieron en Río de Janeiro en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud: en este caso el de José Ignacio, de Mercedes Luján

Me llamo José Ignacio Gisondi, tengo 20 años. Soy estudiante de Comercio Internacional de la Universidad Nacional de Luján. Soy parte integrante del Movimiento De Colores, de Aventura, en la Parroquia San José Obrero. Y tuve la gracia y oportunidad de poder participar de la última Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Francisco en Río de Janeiro.

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un encuentro mundial de jóvenes presidido por el Papa, el vicario de Cristo en la tierra. La misma esta dividida en dos partes. La Pre-Jornada, que es una semana anterior a la Jornada, la cual sirve de preparación espiritual para llegar al encuentro con el Papa, en esta oportunidad esta recibió el nombre de Semana Misionera.  Y por otro lado, la Jornada en si, en donde los jóvenes se encuentran en comunión, formando todos juntos el cuerpo de la Iglesia, representando a todo el mundo. En mi opinión, lo central de cada JMJ es el encuentro pleno con Jesús, que se ve reflejado en cada persona, en cada momento, en la Eucaristía y en la figura de nuestro Papa Francisco.

En esta oportunidad fuimos jóvenes de la Diócesis de San Miguel en representación de ella, en total éramos aproximadamente 270 peregrinos.

Quisiera compartirles brevemente mi experiencia personal. Empezando por la Pre-Jornada, la cual se llamo, a diferencia de otros años, “Semana Misionera. En esa semana fuimos a hospedarnos en la Diócesis de Niteroi, en la localidad de Araruama. Allí estuvimos en la Parroquia San Sebastián, que pertenece a una congregación Franciscana. La comunidad nos acogió con los brazos abiertos, al punto de entregarse por completo a nosotros, tal como Jesús lo hizo con nosotros en la Cruz. Fui con la idea de ir a Misionar, con la idea de llevar la Palabra de Dios a nuestros hermanos brasileros, pero una vez ahí me di cuenta que esto no iba a ser posible, fue todo lo contrario, fueron ellos quienes nos misionaron en cada momento del día. A cada instante se sentía el amor de Jesús, en cada unos de sus actos. Realmente me sentí muy amado, pleno con la gracia de Dios.

Después fuimos a la Jornada, en Río de Janeiro, con la finalidad de encontrarnos con el Papa. Pero en si eso no fue lo mas importante, si no que pudimos ver realmente la inmensidad de la Iglesia de la cual formamos parte. Y sentir que a pesar de que todos hablábamos en distintos idiomas, a pesar de las diferencias culturales, había algo que nos unía. Ese algo era una camiseta que nos distinguía, la camiseta de Cristo. Jóvenes que  viven con Él, por Él y para Él.

Si tengo que decir que me dejo la Jornada serian tres cosas. “Vayan” a hacer discípulos. “Sin miedo”, sabiendo que contamos con el apoyo de Jesús. “A servir”, siempre hay alguien que nos necesitan, que lo necesitan a Él. Todos volvimos con mucha euforia, con ganas de cumplir su voluntad. Y sobre todo muy FELIZ, feliz de haber vivido la mayor expresión de fe vivida de todo mi vida. Sin lugar a dudas la JMJ nos marco a todos con un signo, con un gesto o con una palabra.

Es el día de hoy en el que no se como le pagare al Señor todo el bien que me hizo, que nos hizo. Uno creía imposible que el Señor nos sorprendiera, pero cada segundo que pasaba mas nos sorprendían y mas aun se sentía el abrazo de Jesús Resucitado.

“HAGAN LIO,

CUIDEN LOS EXTREMOS (JOVENES Y ANCIANOS),

Y NO LICUEN LA FE.”

PAPA FRANCISCO, JMJ RIO 2013