Con profundo dolor, compartimos a amigos y compañeros de la pastoral familiar, el fallecimiento de nuestro querido Marcelo Héctor Bulfón, ocurrido el 4 de diciembre de 2012.

Marisa, su esposa, nos comparte el íntimo momento de la partida, desde el seno de su iglesia doméstica: “Marcelo partió a la Casa del Padre. Nos preparamos mucho, rezamos la partida juntos, pudo charlar especialmente con cada uno de su familia y amigos, varios sacerdotes nos visitaron especialmente. Su corazón estaba tranquilo, y cada tarde nuestro hijo mayor traía la Eucaristía. Nuestro Santuario del Hogar se colmó de gracias, y la casa se convirtió en un pequeño cielo”.

Marcelo y Marisa, quienes aportaron su carisma con responsabilidad y compromiso en el área de Matrimonio y Familia del Secretariado, fueron incansables animadores y testimonio fiel de los valores impulsados por el padre Kentenich en el Movimiento de Shoenstatt.

Juntos, compañeros de toda la vida, fueron cofundadores del Movimiento en La Plata, impulsores de la Obra de Familias en la Argentina y Latinoamérica y gestores de la fundación de la Federación de Familias en la Argentina.

Gracias Marcelo por un testimonio de vida y de fe tan grande, hasta en el último momento. Tus compañeros y amigos del Secretariado Nacional para la Familia, te despiden hasta siempre, hasta cada momento en que nuestro pensamiento se encuentre contigo en un emocionado recuerdo.

Nos sumamos a la oración por el descanso de Marcelo y para que su familia pueda vivir este tiempo de dolor con mucha paz, con la certeza de la cercanía y amistad de Dios, y la Esperanza cristiana en la Vida que no tiene fin.

 

El testimonio de su nieto

La Misa de cuerpo presente en el Santuario fue muy emotiva con la prédica del Padre Guillermo Carmona (gran amigo de ellos) y con la lectura de un escrito preparado por su nieto Agustín:

¿Cómo hizo este capitán de mil tormentas para sobrevivir tantos años?

¿Cómo logró a pesar de dar siempre el 100% no agotarse nunca?

¿De dónde saca una persona tanta fuerza, tantas ganas?

Quizás nunca lo sepa, pero mis hijos, mis nietos, y los hijos de mis nietos,

van a saber la historia de un hombre que no se frenó a preguntarse

el sentido de la vida, sino que arremetió constantemente en la búsqueda de sus razones.

Una persona que supo dejar toda su alma y su corazón, y aun así vivió 73 años.

Un pedazo de historia que deja la tierra como cuerpo, pero que sobrevive en el tiempo

como alma y en el corazón como amor.